Damon
La noche ha caído desde hace tiempo, pero el aliento de la batalla aún vibra en el aire. El bosque está en silencio, demasiado silencio. Las cenizas giran bajo la brisa, llevando consigo el olor acre de la magia y de la sangre derramada.
Alina está de pie cerca de mí, con el rostro pálido, los ojos fijos en el cuerpo inconsciente de Adrian, tendido en el suelo. La llama negra se ha apagado en la palma de sus manos, pero aún siento la vibración sorda de su poder bajo su piel.
— ¿Estás bien