Me desperté por el sonido del celular al recibir la llamada. Mi cabeza palpitaba del dolor y mi estómago me advertía que un simple movimiento haría que expulsara hasta mi alma.
Me coloqué a medio lado, gruñendo del dolor.
¿Dónde me encontraba?
—¿Hola? —escuché a lo lejos—. Ah, hola, Marco, sí, ella está bien, se encuentra dormida, como todos los demás. Sí, llegamos a las cinco a la casa. ¿Rossy? Bueno, ella está con nosotros, dormida. No, no estamos en la casa de Rossy, estamos en la mía, pero