Eva encontró un momento y fue a una clínica. No al “Medical Center”, por supuesto, sino a una pública cercana. Algo no iba bien. Los ataques de náuseas se alternaban con una debilidad extraña; tenía sueño constantemente, incluso se quedaba dormida en el transporte. Podría haberlo atribuido a la ansiedad no tratada —los síntomas encajaban—, pero ¿cómo explicar que el pecho le estuviera creciendo?
Le dolía. No era crecimiento, era como si se le hubiera hinchado. Quizá había engordado. O eran las