— **Evita**, sal a distraerte, pasea a la muñequita, — Nina le metió dos entradas en la mano y, para asegurarse, le apretó los dedos—. ¡Ya sabes cuánto aman la música!
Eva no pudo contener la sonrisa. Le encantaba hablar de su pequeña —por favor, que sea niña— como si no estuviera aún en su vientre, sino ya en sus brazos.
Su clienta Nina la estaba convenciendo de ir a la nueva puesta en escena de *El lago de los cisnes*. Iba a asistir con su esposo, pero a él le surgió un viaje urgente a Estado