La noche estaba envuelta en ese silencio peculiar que solo se siente cuando dos verdades están a punto de chocar. Eliana mantenía la mirada fija en las estrellas, como si buscara allí respuestas que su corazón no se atrevía a formular. María José, a su lado, jugaba nerviosamente con los dedos, tratando de encontrar el coraje para decir lo que le temblaba en los labios desde hacía meses.
—Eli… —dijo en voz baja, sin mirarla—. No solo sentí que podrías ser como una hermana. Yo… yo llegué a pensar