José Manuel se quitó la venda y sus ojos se encontraron con los de Eliana. Por un momento, todo lo demás desapareció.
Pero el organizador interrumpió la tensión.
—¡Cambio de roles! Ahora Eliana se vendará y José Manuel la guiará.
Eliana sintió que su estómago se revolvía. ¿Confiaría en él?
—¿Lista? —preguntó José Manuel, su voz baja, casi un susurro.
Eliana asintió con un nudo en la garganta.
Los primeros pasos fueron lentos. José Manuel la guiaba con precisión, pero en su interior la tormenta