Eliana no apartaba la mirada de la pantalla. Aunque la historia de la película era sencilla, de esas aventuras para niños con dragones parlantes y reinos lejanos, su atención estaba repartida: entre el argumento que apenas seguía y el niño dormido sobre sus piernas.
Samuel dormía profundamente, con la boca entreabierta y una de sus manitas apoyadas en su propio pecho. Se movía levemente de vez en cuando, como si soñara algo bonito. Tal vez caballeros. Tal vez dragones. Tal vez ellos.
La sala es