La escena era absurda, cómica, sencilla… y perfecta.
Por un instante, parecían una familia.
Eliana lo notó. José Manuel apartó la mirada un segundo, pero ella ya lo había visto. También lo sintió. El aire se volvió un poco más denso. No incómodo, pero sí real. Como si el juego hubiera tocado una fibra demasiado viva.
—Samuel —dijo Eliana suavemente—. ¿Y si ahora le damos un respiro al brujo vencido? Parece que necesita… un café mágico.
—¡Buena idea! —dijo Samuel y corrió hacia la cocina.
Eliana