Eliana estaba en su oficina revisando unos documentos cuando su teléfono vibró sobre el escritorio. Al ver el número, su corazón dio un vuelco. Era Samuel.
Sin dudarlo, contestó con una sonrisa en los labios.
—¡Hola, mi amor! —su voz se suavizó al escucharlo respirar al otro lado de la línea.
—Eliana, ¿puedes ayudarme con algo? —preguntó el niño con un tono ilusionado.
—Por supuesto, dime qué necesitas.
—En el colegio dijeron que cada niño debe llevar a su mamá a una reunión —explicó con rapide