El mar estaba oscuro esa noche.
No había luna.
Solo el sonido constante de las olas rompiendo contra la costa y el viento entrando suavemente por los ventanales abiertos de la villa.
La cena había sido tranquila.
Demasiado tranquila.
Vino tinto. Velas bajas. Conversaciones que se alargaban más de lo necesario porque ninguno quería ser el primero en romper la tensión, conocí un poco de su pasado y él un poco del mio.
León estaba frente a mí, sin saco, con la camisa ligeramente abierta en el cue