La mansión Van Ness lucía igual a como Amanda la recordaba… y aun así, no.
El suelo seguía brillando como si le aplicaran capas y capas de cera todos los días, hasta que reflejaba las sombras como un espejo.
Habían cambiado algunos muebles, tal vez para fingir renovación o para que nadie recordara demasiado, pero el aire era el mismo. Ostentoso, pulcro, con ese perfume caro que siempre parecía decirte esto no es tu lugar.