Ya nos vamos, amor.
Amanda sentía el cuerpo pesado.
Se movió con incomodidad sobre la colchoneta y una punzada le recorrió cada músculo apenas intentó incorporarse.
Le dolía todo, el cuello, la espalda, la cabeza, los brazos. Incluso respirar le resultaba molesto.
Abrió los ojos y la luz que se colaba por la ventana la obligó a cerrarlos de inmediato, cegándola por un segundo. Cuando volvió a intentarlo, lo hizo con más cuidado.