Disculpa.
Daniel sonrió de medio lado cuando Amanda, al final, accedió a su petición.
Y soltó su mano.
Por fin.
A Amanda se le aflojó apenas un músculo del cuello, como si su cuerpo hubiera estado esperando ese gesto para recordar que todavía era suyo, que todavía mandaba ella.
No lo miró de más. Con Daniel, cualquier cosa que pareciera “confianza” era un lujo que no se p