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El día del juicio amaneció gris.
Las nubes se agolpaban sobre la ciudad como un mal presagio, y el viento agitaba las copas de los cipreses con una violencia inusitada. Me quedé unos minutos frente a la ventana, mirando el jardín, recordando todas las veces que mi abuela me había dicho que la lluvia traía buena suerte.
—¿Estás lista?
La voz de Sebastián me sacó de mis pensamientos. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con un traje azul oscuro que le sentaba como una segunda piel y el ge