PRÓLOGO: El peso de la belleza
Madison Shaw no odiaba su reflejo, odiaba lo que provocaba en los demás. Desde los quince años, su vida en Southport fue una vitrina. Los hombres no hablaban con ella, le daban discursos de conquista; las mujeres no eran sus amigas, eran competidoras. Tras la muerte de su madre, quien vivió acosada por la prensa y pretendientes obsesivos hasta el día de su accidente, Madison entendió que la belleza era una jaula de oro.
—Quiero ser nadie, Alex —le dijo a su guarda