La mañana en la Mansión Vane no comenzaba con el sol, sino con el sonido metálico de un cerrojo abriéndose. Kaelen se despertó instantáneamente, su cuerpo reaccionando antes que su mente. Bajo la almohada, su mano apretó el abrecartas de plata.
Dante Vane estaba de pie en el umbral, vestido con ropa deportiva negra. Su presencia llenaba la habitación con una energía depredadora.
—Levántate, hermanito —dijo Dante, su voz era un látigo—. Papá dice que tu recuperación ha sido milagrosa, pero los V