El amanecer en Alemania era un lienzo de grises plomizos y niebla cerrada que se aferraba a los riscos de Burg Rheinstein como una advertencia. El aire era gélido, un frío que se filtraba hasta los huesos y que, para Elisa Vance, se sentía como una bendición purificadora.
Dante no estaba allí. Él volaría en su jet privado tres horas después, convencido de que este viaje era el gesto definitivo de reconciliación de su esposa. Elisa, alegando que necesitaba "tiempo a solas con Thiago" y que querí