Los ojos de Ethan eran fríos y afilados, el rostro torcido por el asco mientras miraba a Luna tendida en el suelo, la sangre chorreando por su frente. “Sigues sin arrepentirte”, dijo, su voz cargada de desprecio.
Luna intentó levantarse, temblando, la mirada desquiciada. “Ethan, fue, fue ella”, balbuceó, arrastrando las palabras por su lengua mutilada. “Les dijo a los del correccional que, que me golpearan. Me, me rompieron la pierna. Me arrancaron las uñas”.
Él soltó una risa desdeñosa, cruzán