Cinco años después de la fundación de la universidad proyectada, el sueño se había hecho realidad: la Universidad Elena de Derechos Humanos levantaba sus paredes en las afueras de Willow Creek, con salones luminosos, talleres equipados y un jardín central donde se plantó un árbol semejante al de la mansión. Carlos, ya abogado, era el director de programas de intercambio, conectando estudiantes de Kenia, México, España y más de diez países, creando una red global de defensores de la justicia. Ca