El día de la boda llegó con un sol brillante que iluminaba la ciudad, pero en la mente de Catalina solo había oscuridad y peligro. Se levantó temprano, se preparó con ayuda de la peluquera y la maquilladora, y se puso el vestido de novia de tulle blanco — el mismo que había probado semanas atrás, pero ahora le sentaba como una armadura.
Sus labios estaban pintados de rojo sangre, su cabello recogido con flores blancas. Mientras miraba en el espejo, pensó en Santiago, que estaba en el hospital p