Después de la victoria contra Mateo, Santiago decidió que era hora de tomar un descanso. "Nos merecemos una luna de miel," dijo a Catalina, mientras la abrazaba en la oficina. "Un tiempo para nosotros, sin negocios, sin enemigos, sin secretos."
Catalina sonrió. "Me encanta la idea. ¿Adónde vamos?"
"Al pueblo de mi abuelo paterno, en la costa," dijo Santiago. "Es un lugar pequeño y tranquilo, con playas blancas y montañas. Nadie nos conocerá allí."
Dos días después, llegaron al pueblo de Santa M