Ameline se quedó inmóvil, la propuesta de Emma aun resonando tentadora en su mente.
La idea de tener a la guardia como aliada para ver a Nataniel era algo demasiado tentador, una posibilidad que podía fortalecer su plan de escape, pero la desconfianza que sentía hacia ella la mantenía incapaz de aceptar rápidamente.
El silencio en la terraza se volvió opresivo, el aroma del té mezclándose con la brisa cálida que agitaba las hojas del jardín. De pronto, incapaz de soportar más la ambigüedad de