Ameline regresó a su habitación con el corazón aún pesado por todo lo que había pasado, el eco de la decepción resonando en cada paso que daba por el pasillo de la mansión Rinaldi.
Al abrir la puerta de su habitación, se detuvo en seco, sorprendida por la escena que encontró. Selene, la guardia de rostro severo y postura rígida, estaba empujando a Nataniel hacia la salida, su voz cortante cortando el aire.
—Fuera, ya tienes que irte —ordenó, su mano firme en el brazo de Nataniel mientras lo g