Ni Seth ni Ameline querían que la noche terminara aún.
La habitación se llenó de sus respiraciones agitadas mientras Seth la atraía de nuevo hacia sí, acariciando sus mulsos, sus labios encontrando los de ella con una pasión que la hacía arder desde lo más profundo.
El beso fue un torbellino de sensaciones, sus bocas moviéndose en sincronía, sus alientos entremezclándose mientras sus manos comenzaban a explorarse otra vez con urgencia.
Ella sintió el roce de sus dedos deslizándose por su es