Ameline se estremeció, sintiendo el pulgar de Seth acariciando su labio, mientras su otra mano se instalaba en su cintura, acariciando de arriba abajo.
—Sabes… no pude evitar pensar en ti todo el día, preciosa… —murmuró, inclinándose para hablarle directo al oído—. No solo porque estaba preocupado por el bastardo que te atacó, sino porque quedó algo pendiente anoche, ¿no?
Ameline se mordió el labio, recordando la frustración de que el ataque con el ladrillo no solo la asustó, sino que la int