Ameline permaneció recostada en la cama, el colchón hundido bajo su peso, abrazándose a la almohada casi como un refugio temporal mientras su mente seguía dándole vueltas a las palabras de la Dra. Atenea.
Sus manos descansaban sobre su vientre, haciendo unas suaves caricias allí donde habitaba el pequeño ser que crecía dentro de ella, un recordatorio de por qué soportaba todo esto, por ese bebé, por esa esperanza.
La habitación, con sus paredes de un blanco impecable y muebles de madera oscur