Ameline paseaba lentamente por el jardín de la mansión Rinaldi, con Seth a su lado y con Eliza acurrucada contra su pecho en un portabebés suave, respirando el aroma fresco de las flores que su suegra y Prissy habían cuidado con tanto esmero.
El sol de la tarde caía tibio sobre su piel y Seth caminaba pegado a ella, con una mano en su cintura como si temiera que ella pudiera desaparecer otra vez, cosa que a veces medio la entristecía, pero prefería pensar en la paz que le traía el tenerlo así