El beso entre Seth y Ameline era abrumador, desordenado, caliente, desesperado y necesitado, con sus labios moviéndose con una urgencia que hablaba de todo lo que habían reprimido por tanto tiempo.
Sus bocas se encontraron en un torbellino de deseo, salvajismo y algo más que no querían nombrar, sus respiraciones entrecortadas mezclándose en el aire cargado de la habitación.
Ameline, desnuda salvo por las joyas que adornaban su cuerpo, sentía el collar frío contra su pecho, el colgante rozando