Ameline estaba sentada en la pequeña mesa redonda junto a la ventana de su habitación, el sol de la mañana filtrándose a través de las cortinas de encaje, iluminando el vestido verde menta que llevaba, holgado y cómodo para su embarazo de cinco meses.
La bandeja del desayuno estaba frente a ella: croissants recién horneados, mermelada de fresa, un vaso de jugo de naranja y una taza de té de manzanilla, cuyo aroma llenaba el aire con una calma que contrastaba con los nervios que aún le revolote