Prissy la visitaba todas las tardes, así que Ameline decidió esperarla antes de abrir el balcón por primera vez.
Ameline pasó de un canal al otro sin ver nada realmente. El control remoto se deslizaba una y otra vez entre sus dedos mientras tamborileaba con la otra mano sobre la pierna. Cambió de postura en el sofá, luego se estiró y apoyó los pies en la mesita de vidrio, solo para bajarlos enseguida.
Le molestaba esa sensación de estar atrapada… de nuevo. El lujo de esa habitación ya ni siqu