Mundo ficciónIniciar sesiónTensa el arco y pone la flecha en la cuerda, que estira con fuerza.
Mi mirada vuela hasta el venado a unos metros de nosotros.
La melancolía me aflige con solo verlo.
Aparto la mirada cuando la flecha se clava en su costado y la dejo caer al suelo adornado de musgo.
—¡Y allí está la cena!
Lo miro aún con el mentón hundido.
—Papá, ¿sufrió?
Arruga el entrecejo y baja el arco.
—No, Eli, fue una muerte limpia e indolora. —Ladeo la ca







