Capítulo LVII

—¿Por qué las sombras no la protegieron?

—Sin sus órdenes son solo eso, sombras —contesta concentrada suturando el corte en mi antebrazo—. No podrán ayudarla o hacer algo por ella sin una orden previa.

Hago una mueca cuando la aguja atraviesa mi piel.

—Yo… —titubeo— hice un trato con ellas.

Detiene la aguja a unos milímetros de mi carne y alza la cabeza para observarme.

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