Capítulo LVI

—¿Duele? —le inquiere preocupada mientras pasa una gasa húmeda con yodo por su mano.

—No —contesta sin hacer ninguna mueca.

Desvío la mirada y la poso en mis manos juntas; muevo los pulgares para hacer retroceder el temblor.

Me paralicé, no pude por lo menos mover los pies en un impulso no pensado para protegerla o estar a su lado. Me siento decepcionado conmigo mismo. Aunque ella me afirmó que todo estará

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