Capítulo 46. Confundir el vínculo
Unas horas antes...
La habitación de Erika es un caos. Ropa rasgada, vidrios rotos, almohadas destripadas por las uñas de una loba furiosa, todos sus libros esparcidos en el suelo. La joven camina de un lado a otro, con el rostro rojo de cólera y el cuerpo temblando de impotencia. Cada tanto, lanza un nuevo objeto contra la pared y lo hace trizas. El sonido seco de las losas rompiéndose llena la estancia.
—¡Es una maldita perra! ¡Estúpida! —grita, sin contenerse—. ¡Me la va a pagar, lo juro por