Capítulo 37. El pasado
Los pasos de Aria resuenan con fuerza en el interior de la pequeña capilla. La puerta se cierra tras ella con un suave chirrido, y el aroma a cera derretida la envuelve como un abrazo. El padre Ezequiel, que está ordenando algunos papeles en la mesa lateral, levanta la vista con sorpresa al verla.
—¡Aria! —exclama, dejando todo de inmediato—. Hija mía, ¿dónde has estado todo este tiempo?
Aria no responde. Sus labios tiemblan, sus ojos se llenan de lágrimas al instante. Da unos pasos y, sin más,