Capítulo 32. Cartas negras y rojas
Aburrida de estar dentro de la cabaña, ya de noche, Aria sale a tomar aire. El sitio se le hace estrecho, asfixiante, y cada espacio parece contener el olor de Kael. No ha dejado de pensar en él desde aquel día, pero también ha decidido no ceder más. No le va a dar el gusto de seguir usándola y lastimándola.
Va caminando hasta un lugar más apartado. Nunca antes había venido aquí. Cuando ve una fogata encendida y a varios jóvenes riendo alrededor, se siente tentada. Necesita distraerse. Solo un