Empuja mi cuerpo con el suyo y nos clava el uno en el otro.
A pesar de que le empujo, aprieto mis puños en su camisa y arrugo la tela de la misma intentando que me deje, termino soltando un gemido luego de que me restriegue su erección en el vientre y le recibo del todo con mi boca, relajándome en la suya.
—¡Colin, detente! — una falsa súplica escapa de mí y luego le entrego mi boca otra vez.
Subo mis manos por sus bíceps y me aferro a ellos cuando siento que me soba los pechos por encima de la