El verdadero legado en esta historia fue el amor.
Luego de dos noches de amor en medio del océano, perdidos en un yate y sin que nadie más que nosotros supiera que nos amábamos, Colin trajo un sacerdote y me sentí la mujer más feliz del mundo al aceptar ser su esposa frente al océano, el sol y nosotros con nuestro hijo. Nadie más.
No necesité grandes y pomposos vestidos, no hizo falta una sola persona más allá de nosotros en esa boda y luego hemos sido muy felices así, con poco más que lo impre