Trato de amarrar bien la tela que me cubre la desnudez y luego de inspirar fuerte, abro la puerta y salgo.
Está agachado en el suelo contra la pared y apoyado en sus rodillas...es doloroso verle así de contrariado.
—Colin, ¿Qué haces? —murmuro y me acerco a él —.¡Ven conmigo!
Toma mi mano y es un riesgo que no debería correr pero la situación es bastante difícil como para ser antipática.
Cuando tiro de él se levanta y la fuerza de la acción nos acerca tanto que casi nos rozamos los labios. Su