Punto de vista de Antonio Roberts, Alfa de la manada
El dolor me aprieta el pecho como si un yugo invisible me aplastara el corazón. Cada segundo desde que Isabella salió del despacho, desde que vi sus marcas, desde que escuché su voz temblando mientras decía “fue Adán”, me estoy desmoronando por dentro. Ares, mi lobo, ruge sin tregua. Está fuera de sí. Él quiere sangre. Justicia. Venganza. Yo también. Pero aún soy el Alfa. Y debo mantenerme en pie, al menos por ahora.
Siento que todo a mi alred