La ironía de mis desgracias es grande, tanto que apenas soy consciente de pensar con claridad después de estar unas cuantas horas encerrada en una celda, sin la posibilidad de contactar con un conocido.
Mi piel asquerosa después de la acumulación de sudor y mil suciedades en las paredes de una celda provisional solo me dan ganas de vomitar. Así como el constante cúmulo de emociones que se encierran en mi garganta, formando nudos que muy difícilmente soltaré.
Lloré, siendo sincera llegue a llo