Capítulo 25.

Pobre de la luna que sería la única que tendría que escuchar sus frecuentes lamentos y clamores de misericordia. 

Ella estaba boca abajo sobre su cama. Su respiración a veces se escindía al quedarse sofocada contra la almohada que sujetaba su mentón adolorido.

Ella estaba desnuda. Él la había desnudado. Salvajemente había arrancado toda su ropa.

Ella estaba atada, él la había a

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