Capítulo 26.

Derek prensó su puño sintiendo la rabia explotar dentro de su cabeza. Así que ese tal Chad sabía en donde Adalia vivía.

—¡No! No... No vengas aquí... No vengas... No vengas... No vengas—repitió como si fuese un disco que nadie se había tomado la molestia de detener.

—¿Por qué, Adalia? Siento que el corazón se me saldrá del pecho, ¿Por qué te fui

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