Capítulo 119.

Por completo ajenos a lo que ocurría en la otra habitación, si habiendo escuchado el disparo, pero pasándolo por alto justo como pasaban por alto cada grito e imploración que se escuchaban resonar en el aire, los torturadores de Kenzo continuaban, siguiendo las órdenes que les habían aplicado, no tener clemencia de su víctima, y, solo era necesario ver los ojos rojos y agónicos de Kenzo para saber que la misión impuesta se estaba

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