Ulva despertó empapada en sudor. Afuera, los lobos aún montaban guardia. La luna seguía alta, casi al borde de transformarse en eclipse otra vez. Kaelion entró, apenas cruzando el umbral.
—Sentí algo —dijo, sin aliento—. Como si algo hubiera… cambiado. —Ulva lo miró por primera vez, sin miedo.
—Tenemos que prepararnos. Porque lo que viene… va a rompernos por dentro. —Kaelion la observó en silencio. Y en ese instante, sin palabras, supo que algo en Ulva había despertado. Y que tal vez… ese despe