Elara cayó de rodillas, agotada, mientras Valerius se recomponía del impacto del Antídoto.
El suelo bajo el Vaso Puro comenzó a brillar. El Antídoto, una vez liberado, no era un ataque. Era una restauración.
Elara lo entendió. Su misión no era matar a Valerius; era curar a Aethel.
Valerius atacó con todo su poder, lanzando lanzas de sombra pura.
Elara, apenas capaz de levantar su báculo, no tenía la fuerza para defenderse con magia de luz.
Pero el Antídoto reaccionó. Cada lanza de sombra que se