La orden de detención se ejecutó con brutalidad. La Guardia de la Academia lo acorraló en el Gran Salón.
Pero su poder, ahora infundido con la energía primal que había domesticado en el desierto, era demasiado vasto para simples cadenas mágicas.
Valerius luchó con la ferocidad de un dios renegado. No luchaba por escapar; luchaba para demostrar su superioridad.
En un estallido incontrolado de energía sombría (un simple subproducto de su furia), destruyó accidentalmente un antiguo distrito reside