Después de años de exilio y poder creciente, Valerius ejecutó su acción más sigilosa: se infiltró en la base de datos más segura de la Academia, un archivo al que solo Archon Elmin tenía acceso.
Allí encontró los pergaminos de contingencia: el plan de último recurso de los Fundadores, escondido desde los albores de Aethel.
El drama se reveló: el sello no solo era resistente, sino que estaba programado para la autodestrucción.
Si Valerius, el descendiente corrupto, intentaba usar su propia sangre como conductor para anular los sellos, los Sigilos se autodestruirían, llevándose a todo el mundo con ellos.
Los Fundadores habían sido más inteligentes y despiadados de lo que él creía. Habían programado el fin del mundo como alternativa a su tiranía.
Pero había una alternativa, un punto ciego. Una llave de pureza.
Si existía un descendiente más puro que Valerius, que no hubiera sido tocado por la corrupción de la Sombra, su sangre podría ser usada.
Esa sangre pura funcionaría como un ancla p