Graciela se quedó paralizada, sin saber qué hacer, qué decir o hacia dónde mirar. Cristian la estaba acorralando con crueldad, midiendo cada palabra únicamente para destrozarla.
—No es lo que piensas… —Intento defenderse.
—¿Ah, no? —Una sonrisa despiadada se dibujó en los labios del hombre—. ¿Entonces dirás que todo esto es pura casualidad? ¿Que sufres de insomnio y que los fantasmas de tu pasado te mantienen despierta?
—Cristian, por favor... Tú sabes que no puedo dormir bien desde que me ence