Estefanía no registró ni el toque ni los labios de su acompañante. Ni siquiera la mano atrevida que quiso viajar hasta su trasero.
Todos sus sentidos estaban orientados en una sola dirección.
En él.
El hombre que la miraba a la distancia.
El mismo hombre que no despegaba los ojos de los suyos.
A simple vista podría decirse que solo estaba apreciando el espectáculo. Pero en el fondo, arremolinado en su negro y frío corazón, podía notar las capas de hielo desquebrajándose.
Ella no soltó a Gerardo